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¿La Trinidad está en la Biblia?

La palabra «Trinidad» no aparece en la Biblia, y la doctrina —un solo Dios en tres personas iguales y de la misma sustancia— no está formulada como tal en el Nuevo Testamento. Lo que sí hay en los textos del siglo I es un lenguaje muy elevado sobre Jesús (preexistencia, culto, el título «Señor») y fórmulas de tres miembros —Padre, Hijo y Espíritu— de tipo litúrgico, no dogmático. El pasaje que sí enuncia la Trinidad con claridad, el «Coma joánico» de 1 Juan 5:7, es una añadidura tardía que no está en ningún manuscrito griego antiguo. La doctrina clásica se construye en un proceso de tres siglos: el vocabulario (Tertuliano es el primer autor latino conservado que usa «trinitas», hacia 213), la crisis arriana, el credo de Nicea (325) con su término homoousios, medio siglo de credos rivales, y el Concilio de Constantinopla (381), que fija la fórmula y añade la divinidad del Espíritu Santo.

Equipo editorial Cristianismos.com · actualizado: 11 de octubre de 2026 · cómo se hace este atlas

Revisado por Equipo editorial Cristianismos.com el 9 de septiembre de 2026.

Lo que se dice

Según la enseñanza cristiana mayoritaria, la Trinidad —un solo Dios que existe eternamente en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, iguales y de la misma sustancia— es una verdad revelada desde el principio, presente en la Biblia y solo “explicitada” por los concilios. En el debate popular, en cambio, se repite lo contrario: que la Trinidad es un “invento” de Constantino o del Concilio de Nicea, ajeno al cristianismo original.

Respuesta corta

Las dos versiones simplifican. La palabra “Trinidad” no está en la Biblia, y la doctrina clásica tampoco está formulada en el Nuevo Testamento: no se encuentra ahí la afirmación de tres personas iguales en una sola sustancia. Lo que sí hay en los textos del siglo I es (a) un lenguaje muy elevado sobre Jesús —preexistente, adorado, llamado “Señor” y alguna vez “Dios”— y (b) fórmulas de tres miembros (Padre, Hijo, Espíritu) de uso litúrgico, no de definición dogmática. El único versículo que enuncia la Trinidad de forma explícita, el llamado Coma joánico (1 Juan 5:7), es una añadidura posterior ausente de todos los manuscritos griegos antiguos.

La doctrina se construye en un proceso de casi tres siglos: primero el vocabulario (el primer autor latino conservado que usa trinitas es Tertuliano, hacia 213), luego la gran crisis —la controversia arriana— y su resolución conciliar: Nicea (325), con el término homoousios (“de la misma sustancia”); medio siglo de credos rivales e intervenciones imperiales; y el Concilio de Constantinopla (381), que fija la fórmula y añade la afirmación de la divinidad del Espíritu Santo. Ni “estaba todo en la Biblia” ni “lo inventó Constantino”: es un desarrollo doctrinal con materiales bíblicos, hecho a lo largo de generaciones y no sin conflicto.

El vocabulario no está — y el concepto, todavía no

Ninguno de los términos técnicos de la doctrina aparece en el Nuevo Testamento: ni “Trinidad”, ni “persona” en sentido trinitario, ni “sustancia” (ousía), ni “de la misma sustancia” (homoousios). El primer testimonio conservado del griego triás (“tríada”) aplicado a Dios es de Teófilo de Antioquía, hacia el 180 (A Autólico 2.15), y ni siquiera es la tríada posterior: habla de Dios, su Verbo y su Sabiduría, no de Padre, Hijo y Espíritu. En latín, el primer autor conservado que usa trinitas es Tertuliano, en Contra Práxeas (hacia 213; el término aparece también en otra obra suya de fecha incierta, Sobre el pudor): unos cien años después de los últimos escritos del Nuevo Testamento y otro siglo antes de Nicea.

Pero la ausencia de las palabras no zanja la cuestión: muchas doctrinas usan vocabulario posterior a la Biblia. La pregunta de fondo es si el contenido —tres que son a la vez distintos e iguales, un solo Dios— está en los textos. Y ahí la respuesta de la crítica histórica es que se encuentran elementos que la doctrina después integrará, pero no la doctrina montada.

Los “textos de prueba”

Los pasajes que la tradición cita como base bíblica de la Trinidad son, sobre todo:

En conjunto: material para una cristología alta y para una estructura triádica en el culto, pero no una definición de la Trinidad.

El Coma joánico: un versículo que se añadió

Hay una excepción aparente: 1 Juan 5:7-8, que en la King James y en la Reina-Valera —incluida la revisión de 1960— dice que “tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. Eso sí es una afirmación trinitaria explícita.

El problema es que ese inciso —el Comma Johanneum— no figura en ningún manuscrito griego anterior al siglo XIV (el más antiguo que lo trae, el minúsculo 629, es de esa época), ni en las versiones antiguas más tempranas (siríaca, copta), ni lo citan los Padres griegos en los grandes debates trinitarios del siglo IV, cuando les habría sido utilísimo. Aparece primero en latín: el testimonio más antiguo suele situarse en el Liber apologeticus atribuido a Prisciliano o a su seguidor Instancio (Hispania, hacia 380-385). Se difunde después en copias latinas y llega a las ediciones impresas del Nuevo Testamento griego: Erasmo no lo incluyó en las dos primeras ediciones y lo añadió en la tercera (1522), tras conocer un manuscrito griego tardío (hoy GA 61, de comienzos del siglo XVI) del que él mismo sospechaba. De ahí pasó a las traducciones que siguen ese texto. Las ediciones críticas modernas y muchas traducciones actuales (la Nueva Versión Internacional, la Biblia de Jerusalén) lo omiten o lo relegan a nota. Es el ejemplo de manual de una interpolación doctrinal.

Lo que sí hay en el siglo I: cristología alta y discutida

Que la doctrina no esté montada no significa que las comunidades del siglo I tuvieran una idea “baja” de Jesús. Pablo, en la carta más antigua que lo trata, ya reescribe la confesión judía de fe (el Shemá, “el Señor es uno”) para incluir a Cristo: “para nosotros hay un solo Dios, el Padre… y un solo Señor, Jesucristo” (1 Corintios 8:6). Larry Hurtado y otros han argumentado que la devoción cultual a Jesús —oración dirigida a él, himnos, invocación de su nombre— es de las dos primeras décadas y se da dentro del monoteísmo judío, no como una deriva pagana posterior.

Cómo entender eso es el punto en disputa. Bart Ehrman sostiene que hubo varias cristologías tempranas y que la “exaltación” de Jesús a un estatus plenamente divino fue progresiva. Otros la sitúan antes. Pero casi nadie defiende que el Nuevo Testamento contenga ya la doctrina de tres personas coiguales en una sustancia: eso es lo que vino después.

Del Logos al debate: siglos II y III

En el siglo II, los apologistas (Justino, Teófilo) explican la relación entre el Padre y el Hijo con el vocabulario del Logos —la “palabra” o “razón” de Dios—, que el judío Filón de Alejandría ya había usado como principio intermediario entre un Dios trascendente y el mundo. Es una herramienta conceptual útil, pero que tiende a subordinar el Hijo al Padre.

Frente a eso surgen dos reacciones opuestas:

Tertuliano, contra Práxeas, expone la doctrina que luego se resumirá en la fórmula una substantia, tres personae: en Contra Práxeas 2 habla de una “Trinidad” que ordena “tres personas” de una sola sustancia, condición y poder. Orígenes habla de una “generación eterna” del Hijo. A finales del siglo III el problema está planteado en todos sus términos, pero sin solución compartida.

Arrio, Nicea y medio siglo de vaivenes

Hacia el 318, en Alejandría, el presbítero Arrio choca con su obispo. Arrio sostiene que el Hijo, aunque anterior a todo lo demás, fue creado por el Padre: “hubo un tiempo en que no existía”. El conflicto se extiende y el emperador Constantino, recién dueño de todo el Imperio, convoca en 325 el Concilio de Nicea para cerrarlo.

Nicea condena a Arrio y adopta un credo que dice que el Hijo es “engendrado, no creado, de la misma sustancia (homoousios) que el Padre”. Pero:

En otras palabras: Nicea no zanjó la cuestión. La decisión de 325 fue el comienzo de la controversia, no su final.

Constantinopla 381 y el Espíritu Santo

La estabilización llega con los padres capadocios —Basilio de Cesarea y los dos Gregorios (de Nacianzo y de Nisa)—, que hacia los años 360-370 encuentran una fórmula viable: una sola sustancia (ousía), tres subsistencias (hypóstasis). Y añaden una pieza que hasta entonces se había tratado poco: la divinidad del Espíritu Santo, frente a quienes (los llamados “combatientes del Espíritu”) lo consideraban una criatura.

El emperador Teodosio, ya cristiano niceno, convoca en 381 el Concilio de Constantinopla, que reafirma Nicea y al que se atribuye el credo que hoy se llama niceno-constantinopolitano, con su afirmación de que el Espíritu “con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. Conviene una cautela: esa atribución consta explícitamente por primera vez en el Concilio de Calcedonia (451), y los especialistas discuten si el texto se redactó en 381 y cómo se relaciona con el credo de Nicea, aunque la mayoría lo tiene por probable obra de ese concilio. Con él la doctrina trinitaria queda fijada en su forma clásica. En Occidente, Agustín (De Trinitate, principios del siglo V) le da su expresión más influyente, incluida la idea de que el Espíritu procede del Padre y del Hijo, en la que se apoyaría después el añadido del Filioque (“y del Hijo”) al credo: se documenta en la España visigoda (Concilio III de Toledo, 589), se difunde por el reino franco y Roma lo acoge en su liturgia hacia 1014. Será uno de los motivos de la ruptura entre Roma y Constantinopla.

Por qué sigue siendo una pregunta viva

La doctrina trinitaria es hoy el punto en común de católicos, ortodoxos y la gran mayoría de protestantes. Pero nunca dejó de tener disidencia interna: en la Antigüedad, arrianos y modalistas; en la Reforma, antitrinitarios como Miguel Servet (ejecutado en la Ginebra de Calvino en 1553) y los socinianos; y hoy, grupos que se reclaman cristianos y rechazan la Trinidad de Nicea —los Testigos de Jehová (cuya cristología suele compararse con la de Arrio, aunque ellos no se reconocen en esa etiqueta), el pentecostalismo unicitario (modalista), los cristadelfianos, los unitarios—. Fuera del cristianismo, el islam y el judaísmo la rechazan explícitamente.

Este artículo no toma partido sobre si la doctrina es teológicamente correcta: eso no lo decide el método histórico. Constata que la Trinidad es discutible desde dentro del propio cristianismo y lo ha sido siempre, porque no es un dato plano de la Escritura sino una construcción teológica sobre esos datos.

Qué sabemos

Qué no sabemos

Qué fuentes existen

Las citas bíblicas y patrísticas de este artículo son traducción propia y pueden diferir de las de las Biblias y ediciones en castellano.

Qué discuten los historiadores

El desarrollo en sí no se discute: la doctrina trinitaria clásica es posterior al Nuevo Testamento y se fija en el siglo IV. Lo que se debate es la cronología de la cristología alta (Hurtado y Bauckham la sitúan en los primeros años; Ehrman ve un proceso), el peso de la política imperial en los concilios, y hasta qué punto la fórmula de 381 es “lo que ya creía la Iglesia” o una de varias opciones que ganó. Lewis Ayres ha mostrado que “arrianos” y “nicenos” no eran dos bandos nítidos, sino un abanico de posiciones que solo se ordena a posteriori. Los autores confesionales que defienden que la doctrina estaba revelada desde el principio parten de premisas teológicas, no del método histórico.

De dónde viene la idea

La Trinidad es el resultado de un trabajo de siglos: el intento de sostener a la vez dos cosas que el cristianismo heredó y no quiso soltar —el monoteísmo judío (“un solo Dios”) y la adoración a Jesús como divino, más el papel del Espíritu en la vida de las comunidades—. Los materiales son bíblicos; la síntesis, no. Presentada sin su historia —como un dato explícito de la Escritura—, parece una revelación cerrada; leída en su proceso, es una doctrina que el cristianismo construyó, en debate consigo mismo, entre el siglo I y el 381.

Fuentes

Relaciones

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Equipo editorial Cristianismos.com. "¿La Trinidad está en la Biblia?". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.2. Última actualización: 2026-10-11. https://cristianismos.com/es/articulos/la-trinidad-esta-en-la-biblia/