editorial_review · v0.1 · consenso: debate_abierto

Peste antonina (hacia 165–180)

Epidemia que recorrió el Imperio desde mediados de la década de 160: su enfermedad, su mortalidad y sus consecuencias se discuten, y el testimonio cristiano de cuidado de enfermos que conservamos es del siglo III.

Dato histórico mínimo

Según el resumen de Charles Haas, la epidemia empezó a fines de 165 o a comienzos de 166 en Mesopotamia, durante la campaña parta de Lucio Vero, llegó a Roma en menos de un año y se prolongó al menos hasta la muerte de Marco Aurelio en 180, quizá hasta el comienzo del reinado de Cómodo. Se llama «antonina» por la dinastía de los Antoninos, no por el nombre de una enfermedad.

Galeno la vio de cerca, en Roma y entre las tropas de Aquileia en 168-169. Describe fiebre, diarrea, heces negras hacia el noveno día, tos, mal aliento y una erupción cutánea con fases vesiculares, pustulosas y costrosas. Haas interpreta esa descripción como viruela.

Problema historiográfico

La enfermedad. La identificación con la viruela es la más extendida, pero no hay evidencia biológica del patógeno. Un estudio de modelización de 2025 no encontró entre los patógenos analizados uno que encajara con claridad.

La mortalidad. Las estimaciones modernas varían muchísimo. Kyle Harper, según resúmenes secundarios, propone una mortalidad de hacia el 8-10 % de la población, mayor en las ciudades; un modelo reciente para Roma calcula, como máximo, un aumento del 7 % y sostiene que las fuentes antiguas pudieron exagerar. En Egipto, Roger Bagnall cuestionó que el modelo de Scheidel se ajustara a la documentación y propuso considerar también la creciente municipalización del país a partir de 200. Ninguna de esas cifras puede darse por segura.

Otro brote. Dion Casio dice que en tiempos de Cómodo hubo una peste «la mayor de las que tengo noticia», con hasta dos mil muertos diarios en Roma (73[72].14). Corresponde a un reinado posterior y no debe proyectarse sobre la epidemia que Galeno describe; el estudio de 2025 sugiere incluso que podría tratarse de otra enfermedad.

Qué no sabemos

No tenemos tasas de mortalidad por religión ni un recuento fiable de muertos. Las fuentes cristianas consultadas en esta entrega que describen el cuidado de enfermos (Dionisio y Cipriano) son del siglo III, a propósito de la peste de Cipriano: no conservamos aquí un testimonio cristiano del siglo II comparable. La persecución de Lyon y Vienne (177), narrada por Eusebio, coincide en el tiempo con la epidemia, pero el capítulo consultado no menciona ninguna peste ni establece vínculo alguno.

Tampoco se desarrollan aquí las respuestas religiosas tradicionales (oráculos, amuletos, ritos públicos), que requieren sus propias fuentes. Los efectos políticos, militares y económicos de la epidemia son objeto de debate y exceden esta ficha.

Consecuencia antropológica

Una epidemia que se prolonga años coloca en primer plano preguntas sociales concretas: quién asiste a un enfermo, quién entierra a un muerto, qué explicación religiosa se ofrece a la pérdida. El artículo sobre epidemias y crecimiento distingue entre lo que describen los testimonios (cuidado, mortalidad de cuidadores, tensión con la persecución) y lo que son hipótesis demográficas.

Fuentes

Relaciones

editorial_review

Esta entrada aún no está en estado citable (editorial_review); se muestra la cita de referencia interna mientras avanza la revisión editorial.

Equipo editorial Cristianismos.com. "Peste antonina (hacia 165–180)". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.1. Última actualización: 2026-10-24. https://cristianismos.com/es/eventos/peste-antonina-165/