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¿Por qué Roma persiguió a los cristianos?
Guerras, denuncias y sacrificios: qué documentos explican la represión romana de los cristianos y cómo distinguir religión, política y presión social.
Pendiente de revisión editorial humana.
Lo que se dice
En la imagen popular, Roma persiguió a los cristianos de forma sistemática durante unos 250 años: emperadores crueles, cristianos arrojados a los leones en el Coliseo, catacumbas como refugio. A veces se cuenta una lista de “diez persecuciones” que empieza con Nerón y termina con Diocleciano. Y se da por hecho que la causa era que Roma quería destruir una religión nueva.
Respuesta corta
Es una imagen muy exagerada. Durante los siglos I y II no se documenta una campaña continua de búsqueda de cristianos en todo el Imperio. Sí hubo castigos y procedimientos autorizados por el poder imperial, como la respuesta de Trajano a Plinio, además de procesos por denuncias y violencia local. Nerón, en el año 64, es un caso excepcional, y solo en Roma. Las primeras persecuciones a escala de todo el Imperio son las de Decio (249-251) y Valeriano (257-260), y la más dura, la Gran Persecución de Diocleciano (303-311), que termina con los edictos de tolerancia de Galerio (311) y de Milán (313).
La identidad cristiana, los rituales públicos y la obediencia al magistrado podían entrelazarse. Plinio pregunta si debe castigarse el nombre cristiano aunque no haya otros delitos, y usa actos rituales para comprobar la retractación. Eso no permite reducir todos los procesos a una causa única ni convertirlos automáticamente en juicios por traición.
El quiebre documental: distintos mecanismos de represión
Las guerras contra rebeldes judíos y los procesos contra cristianos no son etapas de una misma persecución que cambia de destinatario. La represalia de Nerón en 64 precede al estallido de la guerra de Judea en 66. Tampoco judaísmo y cristianismo representaban bloques políticos uniformes.
| Caso | Documento y conducta descrita | Qué permite distinguir |
|---|---|---|
| Roma, 64 | Tácito, Anales 15.44: Nerón castiga a cristianos tras el incendio | Represalia y uso de un grupo ya estigmatizado; el relato no prueba su culpabilidad por el incendio |
| Jerusalén, 66 | Josefo, Guerra II.17.2–3: Eleazar logra suspender la aceptación de sacrificios por extranjeros, incluido el emperador; otros dirigentes se oponen | Rebelión y disputa interna. Un rito puede tener consecuencias políticas sin que todos los judíos apoyen la ruptura |
| Bitinia-Ponto, hacia 112 | Plinio y Trajano, 10.96–97: interrogatorio de denunciados, persistencia en identificarse como cristianos y pruebas de retractación | Proceso por identidad y obstinación, sin una insurrección armada demostrada. Trajano prohíbe buscarlos y aceptar denuncias anónimas |
| Egipto, 250 | Un libellus de Aurelio Diógenes certifica sacrificio, libación y consumo de la ofrenda ante testigos | Control administrativo de un acto ritual. El certificado no identifica al declarante como cristiano |
No hay una frontera antigua equivalente a nuestra separación entre política y religión. En Josefo, los sacrificios por el emperador no son sacrificios al emperador; suspenderlos expresa una ruptura. En Plinio, en cambio, ofrecer ante su imagen forma parte de una prueba de retractación. El comentario académico de Dickinson a 10.96 advierte que eso no equivale a una acusación de maiestas —traición—.
¿La persecución producía simpatía o rechazo?
Tácito combina desprecio hacia los cristianos con la noticia de que su suplicio provocó compasión: parecían víctimas de la crueldad personal de Nerón. Compadecer a una víctima no implica compartir su fe, convertirse ni rechazar el dominio romano. El documento no identifica socialmente a quienes sintieron esa lástima.
Plinio ofrece otra mirada: considera dañina la superstición cristiana y presenta la recuperación de templos y sacrificios como un resultado deseable. Su valoración permite estudiar la defensa del orden tradicional; no demuestra que todos los beneficiarios del Imperio pensaran igual.
También existen voces cristianas que piden obedecer a las autoridades y pagar tributos: Romanos 13:1–7. Es una exhortación, no una descripción de todos los creyentes, pero impide identificar sin más cristianismo y militancia antirromana.
La hipótesis de simpatía entre opositores al poder es investigable. Para establecerla hacen falta testimonios que identifiquen esos grupos y sus motivos; la persecución por sí sola no los prueba.
Cómo funcionaba una “persecución”
El Imperio romano no tenía una policía dedicada a buscar herejes ni un ministerio de religión. Las autoridades —el gobernador de cada provincia— actuaban sobre todo cuando alguien les presentaba una denuncia. Por eso las persecuciones dependían en buena medida de quién denunciaba y de qué gobernador había: podían ser inexistentes durante décadas en una provincia y violentas en la de al lado.
La fuente clave es la correspondencia entre Plinio el Joven, gobernador de Bitinia-Ponto, y el emperador Trajano (hacia 112). Plinio no sabe qué hacer con los denunciados como cristianos: pregunta, da la oportunidad de retractarse y ejecuta a quienes persisten. Los somete a una prueba: que invoquen a los dioses, ofrezcan vino e incienso a la imagen del emperador y maldigan a Cristo. Trajano le contesta que no hay que buscarlos (conquirendi non sunt), que las denuncias anónimas no valen, y que quien renuncie a ser cristiano y lo demuestre con actos rituales debe ser perdonado. Ese es el marco durante buena parte del siglo II: no se persigue de oficio, pero se castiga al denunciado que se niega a ceder.
Nerón, 64: un chivo expiatorio
El gran incendio de Roma de julio del 64 dio pie a rumores contra el emperador. Según Tácito (Anales 15.44, escrito medio siglo después), Nerón atribuyó el fuego a los cristianos para desviar las sospechas y los castigó con crueldad: fueron cubiertos con pieles de animales y devorados por perros, crucificados o quemados como antorchas nocturnas en los jardines imperiales. Tácito explica el uso de los acusados para desviar las sospechas de Nerón y dice que fueron condenados “no tanto por el crimen del incendio como por su odio al género humano”, y que su crueldad provocó compasión. Suetonio (Nerón 16) confirma de forma independiente que Nerón castigó a cristianos, sin relacionarlo con el fuego.
Este episodio fue una represalia oportunista y limitada a Roma, no el inicio de una política contra el cristianismo. Algunos especialistas han sospechado una interpolación cristiana posterior en el texto de Tácito; la mayoría lo considera auténtico.
Del 64 a mediados del siglo III: local y por denuncia
- Domiciano (81-96). La tradición cristiana lo presenta como perseguidor y algunos ligan a esa época el Apocalipsis. Los historiadores actuales dudan: las pruebas son escasas y ambiguas.
- Plinio y Trajano (ca. 112), como se ha visto.
- Lyon, 177. Bajo Marco Aurelio, en Lyon y Vienne un estallido popular contra los cristianos acabó en denuncias y ejecuciones, entre ellas la de la esclava Blandina. Se conserva una carta de las Iglesias, recogida por Eusebio (Historia eclesiástica 5.1).
- Policarpo de Esmirna, ejecutado hacia mediados del siglo II (la fecha exacta se discute), cuando la multitud pidió que le trajeran a “los ateos”. Lo condenó la presión local, no un edicto.
- Ignacio de Antioquía (ca. 110), enviado a Roma para morir, escribe cartas que muestran una disposición casi ansiosa al martirio.
En este período el cristianismo creció, la mayor parte del tiempo, sin ser molestado por el Estado, pero con la espada suspendida de una denuncia posible.
Por qué los cristianos y no otros
Roma toleraba, e incorporaba, casi todos los cultos. ¿Qué tenían de distinto los cristianos?
- Exclusivismo. Un politeísta podía añadir un dios más; un cristiano no podía sacrificar a los otros dioses ni al emperador. Los cristianos fueron llamados “ateos” —gente sin dioses— por negarse a honrar a los de la ciudad. Los romanos creían que la prosperidad dependía de la paz con los dioses (pax deorum): si alguien la rompía, no era solo un asunto privado. Cuando llegaba una epidemia, una derrota o un hambre, era fácil buscar culpables entre quienes no participaban. Tertuliano cita el dicho: “si el Tíber sube o el Nilo no sube, ¡los cristianos a los leones!”. G. E. M. de Ste. Croix sostuvo que ese temor popular es el motor principal de todo.
- Reuniones cerradas. Una asociación que se reúne de noche o a puerta cerrada, con juramentos, provocaba sospecha política. Plinio describe una comida “ordinaria e inofensiva”, pero los rumores eran otros.
- Rumores. Se decía que los cristianos comían niños (una mala lectura de la eucaristía) y practicaban el incesto (“hermanos” y “hermanas” que se besan). Tertuliano dedica capítulos del Apologético a desmentirlo.
- La diferenciación respecto del judaísmo. No debe describirse como una fecha única en la que todos los cristianos perdieron un permiso jurídico heredado. Los documentos examinados aquí no establecen esa transición universal; hay que estudiar por separado los acuerdos locales, las prácticas judías y la identificación de los acusados.
- Una religión “nueva”. Para los romanos, la antigüedad era garantía de legitimidad. El cristianismo era “superstición nueva y maléfica” (Suetonio).
¿Había una ley contra los cristianos?
Es una cuestión discutida. Tertuliano habla de un “instituto neroniano”, como si Nerón hubiera dejado una norma; pero no se conserva y no se cita nunca en un juicio. La reconstrucción de Timothy Barnes es que no hubo una ley general hasta el siglo III, y que, hasta entonces, los gobernadores actuaban por su poder de coerción, castigando a quien, ya denunciado, se negaba a obedecer. La condena era “por el nombre” (nomen ipsum), es decir, por ser cristiano, más que por un delito concreto —lo que irritaba a los apologistas: Tertuliano protestaba porque se condenaba sin investigar los supuestos crímenes—. Otros historiadores ven un fundamento más definido; el debate sigue abierto.
Las persecuciones generales
- Decio (249-251). La exigencia de sacrificio tuvo alcance imperial y afectó gravemente a las comunidades cristianas. El edicto no se conserva íntegro: los certificados (libelli) documentan su aplicación en Egipto, no todas sus cláusulas o excepciones. Certifican actos rituales y no presuponen que sus titulares fueran cristianos. Muchos cristianos cedieron (los lapsi, “caídos”), y la Iglesia tuvo después una gran crisis sobre cómo readmitirlos.
- Valeriano (257-260). Dos edictos, uno contra el clero y otro contra la aristocracia cristiana, prohibieron las reuniones y los cementerios. Fueron ejecutados, entre otros, el papa Sixto II y Cipriano de Cartago (258). Su hijo Galieno los revocó hacia 260, y siguió una larga paz de hecho, unos cuarenta años.
- Diocleciano (303-311). La Gran Persecución fue la más sistemática: edictos que ordenaban destruir iglesias, quemar los libros sagrados, encarcelar al clero y, en 304, obligar a todos a sacrificar. En Occidente se aplicó poco tiempo y con menos rigor; en Oriente se prolongó años.
- El fin. Galerio, que había sido su promotor, publicó un edicto de tolerancia en 311, moribundo. En 313, Constantino y Licinio acordaron en Milán la libertad de culto, cristiano incluido (lo que se llama «edicto de Milán» fue en realidad un acuerdo y una carta posterior de Licinio). Ver ¿Constantino fundó la Iglesia católica?.
“Las diez persecuciones” y la memoria del martirio
El esquema de las diez persecuciones (Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximino, Decio, Valeriano, Aureliano, Diocleciano) es una construcción tardía, elaborada en el siglo IV y V (Sulpicio Severo, Orosio) y que Agustín compara con las diez plagas de Egipto. No es una periodización de los historiadores: varias de esas “persecuciones” son locales o dudosas.
Candida Moss ha sostenido que la imagen de una persecución constante durante tres siglos es una construcción posterior: muchas actas de mártires fueron reelaboradas, las persecuciones generales fueron pocas y breves, y la memoria del martirio sirvió para forjar la identidad cristiana y para descalificar a los cristianos rivales. Su tesis es influyente y controvertida: sus críticos sostienen que subestima la violencia real de Decio y Diocleciano. Nadie discute que hubo mártires; se discute cuántos, y cuánto de lo que se cuenta es fiable.
Qué sabemos
- Antes del siglo III se documentan decisiones imperiales sobre procesos contra cristianos, además de denuncias y violencia local; no una búsqueda continua y uniforme en todo el Imperio.
- Nerón castigó a cristianos en Roma en el 64, tras el incendio, como chivo expiatorio (Tácito, Suetonio).
- Plinio y Trajano (ca. 112) fijan el procedimiento: no buscarlos, no admitir denuncias anónimas, castigar a quien persista en declararse cristiano.
- En Plinio importan la identidad confesada, la obstinación y la prueba ritual de retractación; su relación jurídica no se reduce a una acusación de traición.
- Las persecuciones generales son las de Decio, Valeriano y Diocleciano (249-311).
- Termina con los edictos de Galerio (311) y de Milán (313).
Qué no sabemos
- Cuántos cristianos murieron: no hay cifras fiables, y las actas de mártires son de valor desigual.
- Si existió una norma jurídica específica contra el cristianismo antes del siglo III.
- Hasta qué punto hubo una persecución bajo Domiciano.
- Con qué rigor se aplicaron los edictos de Diocleciano en cada provincia.
Qué fuentes existen
- Romanas no cristianas: Tácito (Anales 15.44), Suetonio (Nerón 16), Plinio y Trajano (Cartas 10.96-97).
- Cristianas: Tertuliano, Apologético; Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica (5.1, libros 8-10); las actas y pasiones de los mártires; las cartas de Ignacio y de Cipriano.
- Materiales: los libelli de Decio hallados en Egipto.
- Estudios: Barnes, “Legislation against the Christians” (1968); De Ste. Croix, “Why Were the Early Christians Persecuted?” (1963); Moss, The Myth of Persecution (2013).
Qué discuten los historiadores
El eje del debate es por qué. De Ste. Croix subraya el rechazo del culto y la presión popular; otros, como Barnes, el marco jurídico y la contumacia; y los hay que destacan el miedo político a una asociación cerrada. Se discute el alcance real de la persecución: los historiadores tradicionales (W. H. C. Frend) enfatizan la violencia; Moss y otros insisten en que la imagen de la “era de los mártires” se exageró. Los relatos confesionales cristianos suelen leer las persecuciones como prueba de la verdad de la fe; los críticos de la religión, como muestra de su intolerancia. Ninguno de esos usos es, en sí, un argumento histórico.
De dónde viene la idea
La idea de una persecución constante y universal nace, en parte, de los propios cristianos: Eusebio la convirtió en trama de su Historia eclesiástica para mostrar el triunfo de la Iglesia, y los autores posteriores fijaron el esquema de las “diez persecuciones”. Los sucesos existieron —y fueron terribles para quienes los sufrieron—, pero la imagen de trescientos años ininterrumpidos de arena y leones es un relato posterior, alimentado luego por el arte, la literatura (Quo vadis?) y el cine.
Después de la presión imperial
La ficha de Decio y los sacrificios de 250 conecta los documentos administrativos con Cartago y Cipriano. El debate sobre los lapsi explica qué pasaba con quienes pedían regresar.
Fuentes
- Guerra de los judíos (Bellum Judaicum) — II.17.2–3 (2.409–417)
- Carta a los Romanos (texto griego / traducciones críticas) — 13:1–7
- Anales (Annales), libro 15 — Anales 15.44
- Vida de Nerón (De vita Caesarum, Nero 16) — Nerón 16.2
- Cartas de Plinio el Joven a Trajano, 10.96-97 — Cartas 10.96-97
- Apologético (Apologeticum) — Apologético 2, 5, 7-9, 40, 50
- Historia eclesiástica (Historia Ecclesiastica) — Historia eclesiástica 5.1 (Lyon, 177); 8-10 (Gran Persecución)
- Libelli de sacrificio de la persecución de Decio (papiros de Egipto, 250)
- Legislation against the Christians
- Why Were the Early Christians Persecuted?
- The Myth of Persecution: How Early Christians Invented a Story of Martyrdom
Relaciones
- MENTIONS → Gran Persecución de Diocleciano (303–313)
- MENTIONS → El llamado «edicto de Milán» (313)
- MENTIONS → Primera guerra judeorromana (66–73)
- MENTIONS → Persecución de Nerón (64)
- MENTIONS → Roma
- MENTIONS → Constantino — El llamado «edicto de Milán» (313) y el giro constantiniano cambian el marco jurídico; véase su ficha.
- MENTIONS → ¿Constantino fundó la Iglesia católica? — Artículo complementario sobre lo que Constantino cambió, y lo que no, en la posición de los cristianos.
- MENTIONS → Ignacio de Antioquía — Sus cartas, de camino al martirio en Roma (ca. 110), son un testimonio de primera mano sobre la disposición a morir.
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Equipo editorial Cristianismos.com. "¿Por qué Roma persiguió a los cristianos?". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.4. Última actualización: 2026-10-24. https://cristianismos.com/es/articulos/por-que-roma-persiguio-a-los-cristianos/