Mito histórico · editorial_review · v0.1 · consenso: mayoritario

¿Quién escribió los evangelios?

Los cuatro evangelios son textos anónimos: ninguno da el nombre de su autor. Los nombres —Mateo, Marcos, Lucas, Juan— son títulos añadidos, firmemente atestiguados desde alrededor del año 180 y que una posición minoritaria remonta a ca. 125. Lo que sí se puede reconstruir del propio texto (lengua, estilo, fuentes usadas) dibuja autores que escriben en griego, para comunidades de habla griega, entre el 65 y el 110, apoyándose unos en otros y en tradición previa.

Por Alejandro Villa B. · última revisión: 3 de septiembre de 2026 · cómo se hace este atlas

Lo que se dice

En la catequesis y en la divulgación popular se presenta a los evangelistas como cuatro personas concretas y conocidas: Mateo, el apóstol y antiguo recaudador de impuestos; Marcos, secretario e intérprete de Pedro; Lucas, médico y compañero de viaje de Pablo; y Juan, “el discípulo a quien Jesús amaba”. Se da por hecho, además, que esos nombres figuran en los evangelios, como una firma.

Respuesta corta

Los cuatro evangelios canónicos son anónimos: ninguno indica en su texto el nombre de quien lo escribió. Los nombres que usamos son títulos añadidos —“evangelio según Mateo”, “según Marcos”…—, atestiguados con claridad desde Ireneo de Lyon hacia el año 180, y que una posición minoritaria pero seria remonta a alrededor del 125. Lo que sí puede reconstruirse a partir del propio texto —la lengua en que está escrito, el estilo, las fuentes que utiliza— apunta a autores que escriben en griego, para comunidades de habla griega, entre el 65 y el 110, apoyándose unos en otros y en tradición oral y escrita previa. No a cuatro testigos independientes redactando su recuerdo. (Sobre si detrás hay o no testimonio ocular, ver el artículo ¿Los evangelios fueron escritos por testigos oculares?.)

“Según”, no “por”

La forma griega del título es εὐαγγέλιον κατὰ Μᾶρκον, euangélion katà Márkon: “evangelio según Marcos”. La preposición κατά no es la que se usa para la autoría (que sería un genitivo simple, “de Marcos”), sino la que expresa “conforme a la versión de”. La propia fórmula del título reconoce que el evangelio es uno y las versiones son cuatro: no dice que Marcos sea el autor, dice que esta es la forma del único evangelio tal como la transmite la tradición asociada a su nombre.

Dentro del texto, ninguno de los cuatro se nombra:

Cuándo aparecen los nombres

El desacuerdo académico es sobre el tramo anterior a esa fecha:

En ninguna de las dos reconstrucciones el nombre procede del propio texto.

Lo que el texto dice de sus autores

Aunque los evangelios no se firman, su lengua y su forma de trabajar dejan un retrato indirecto del tipo de autor que los escribió.

El griego de Marcos. Marcos escribe un griego popular, de frases encadenadas con “y… y… y” (parataxis), con errores de estilo que a un lector culto le chirriaban. Usa palabras arameas y las traduce para su públicotalitá kum, effatá, corbán, abbá, Gólgota—, lo que solo tiene sentido si ni él ni sus lectores hablan arameo. Y salpica el relato de latinismos de la vida militar y económica romana: kentyríon (centurión), legión, denario, speculátor (verdugo de la guardia). El autor y su público se mueven en un ambiente urbano de habla griega dentro del Imperio, no en una aldea de Galilea.

Mateo y Lucas corrigen a Marcos. Cuando reutilizan pasajes de Marcos, mejoran su gramática, suavizan las expresiones ásperas, recortan las redundancias y quitan detalles que podían resultar incómodos (por ejemplo, que Jesús “no podía” hacer milagros en Nazaret pasa a que “no hizo” muchos). Eso es lo que hace un redactor que tiene un texto delante y lo reelabora, no dos testigos independientes que recuerdan lo mismo por su cuenta.

Lucas se describe a sí mismo. El prólogo del tercer evangelio (Lucas 1:1-4) es la declaración de método más explícita del Nuevo Testamento, y también la admisión más clara de que su autor no es testigo presencial: dice que “muchos” han emprendido ya relatos antes que él, que el contenido se lo “transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra”, y que él lo ha “investigado todo con cuidado desde el origen” para escribirlo “en orden”. Escribe a partir de fuentes, y lo dice.

Juan es un caso aparte. El cuarto evangelio tiene costuras internas visibles: en 14:31 Jesús dice “levantaos, vámonos de aquí” y a continuación siguen tres capítulos más de discurso en el mismo sitio; el evangelio parece terminar en 20:30-31 y luego añade un capítulo 21 entero. Su vocabulario, su cristología y su forma de presentar a Jesús son muy distintos de los de los otros tres. La mayoría de los especialistas ve una obra compuesta por fases dentro de una tradición o una escuela, no la memoria continua de un solo hombre.

El problema sinóptico

Mateo, Marcos y Lucas —los “sinópticos”, porque pueden leerse en columnas paralelas— comparten episodios, el mismo orden en tramos largos y, a veces, frases idénticas palabra por palabra. Eso no se explica por una memoria común: hay dependencia literaria, unos copiando a otros.

El modelo mayoritario (hipótesis de las dos fuentes) sostiene que Marcos se escribió primero: es el más corto, el de peor griego y el que trae las lecturas “más difíciles” que los otros dos suavizan; y Mateo y Lucas, cuando se apartan del orden de Marcos, nunca coinciden entre sí, lo que se entiende si cada uno usó a Marcos por separado. Además de Marcos, Mateo y Lucas comparten un segundo bloque —sobre todo dichos de Jesús— que no está en Marcos; para explicarlo se postula una fuente perdida, la llamada Q (del alemán Quelle, “fuente”).

Una minoría seria (hipótesis de Farrer, defendida por Mark Goodacre) sostiene que Q no hace falta: si Lucas conoció el evangelio de Mateo, pudo tomar ese material directamente de él. El debate sigue abierto. Pero en cualquiera de las dos versiones, la conclusión de fondo es la misma: los evangelios sinópticos se copian unos a otros.

La fuente más antigua ya venía con problemas

El testimonio externo más temprano sobre el origen de los evangelios es el de Papías de Hierápolis (ca. 125), que no se conserva directamente sino en citas de Eusebio (Historia eclesiástica 3.39). Papías dice que Marcos fue “intérprete” (hermeneutés) de Pedro y escribió “con exactitud, pero no en orden” (ou táxei); y que “Mateo” compiló los dichos (tà lógia) en lengua hebrea, y cada uno los tradujo como pudo.

Ese testimonio, ya de segunda mano, no encaja del todo con los textos que tenemos: el “Mateo en hebreo o arameo” que describe Papías no puede ser el Evangelio de Mateo canónico, que está escrito en griego y que —como se ha visto— depende del griego de Marcos. Hacia el año 125 la tradición sobre la autoría de los evangelios ya está en circulación, pero es de oídas, tiene una función apologética (anclar cada evangelio a un apóstol o al discípulo de un apóstol) y no cuadra con la evidencia interna.

Qué sabemos

Qué no sabemos

Qué fuentes existen

Qué discuten los historiadores

El desacuerdo no es sobre si los textos son anónimos —lo son—, sino sobre qué antigüedad y qué valor tienen las atribuciones. Hengel y quienes le siguen defienden títulos tempranos y una cadena de transmisión corta y fiable; Ehrman y la posición mayoritaria ven las atribuciones como un desarrollo del siglo II con función apologética. Richard Bauckham, en una línea propia, sostiene que los evangelios conservan huellas deliberadas de fuentes concretas identificables por su nombre dentro del relato. Todos coinciden en que ningún evangelio es una obra firmada por su protagonista ni por un único testigo que se identifique.

De dónde viene la idea

Las atribuciones a Mateo, Marcos, Lucas y Juan tienen casi 1.900 años y forman parte de la liturgia, de los encabezados de todas las Biblias impresas y de la catequesis desde el siglo II. Sin el contexto de cuándo y por qué se fijaron esos nombres, es natural leerlos como la firma original del texto, y no como lo que la investigación reconstruye: una tradición eclesiástica posterior, añadida a unos escritos que circularon primero sin nombre de autor.

Fuentes

Relaciones

editorial_review

Esta entrada aún no está en estado citable (editorial_review); se muestra la cita de referencia interna mientras avanza la revisión editorial.

Villa B., A. "¿Quién escribió los evangelios?". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.1. Última revisión: 2026-09-03. https://cristianismos.com/es/articulos/quien-escribio-los-evangelios/