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Gran Persecución de Diocleciano (303–313)

La última y más extensa persecución imperial: desde el cierre de la iglesia de Nicomedia en 303 hasta el fin de las medidas en Oriente en 313; apuntó a edificios, libros y dirigentes de las comunidades cristianas.

Dato histórico mínimo

Lactancio sitúa el comienzo en Nicomedia, en la fiesta de Terminalia (23 de febrero de 303): soldados forzaron la iglesia, buscaron una imagen de la divinidad, quemaron las Escrituras y arrasaron el edificio; poco después se publicó un edicto que privaba a los cristianos de honores y derechos (Sobre la muerte de los perseguidores 12-13). Eusebio sitúa el decreto en el año 19 de Diocleciano, en marzo, y lo resume así: las iglesias debían arrasarse y las Escrituras destruirse por el fuego; los cristianos con cargos públicos perdían su rango y los criados que siguieran siéndolo, su libertad (VIII.2.4). Siguieron otros decretos: encarcelar a los dirigentes de las iglesias y obligarlos a sacrificar «por todos los medios» (VIII.2.5), hasta que las cárceles se llenaron de obispos, presbíteros, diáconos, lectores y exorcistas (VIII.6.8-10).

La aplicación varió según el territorio. Lactancio dice que en la Galia Constancio permitió que se demolieran las iglesias, «meras paredes que pueden volver a levantarse», y respetó a las personas (15). En 311 Galerio publicó, desde Nicomedia, un edicto que ponía fin a la persecución y permitía a los cristianos reunirse con tal de que no alteraran el orden y rezaran por el bienestar del emperador, el público y ellos mismos (34-35). El fin formal de las medidas en Oriente se asocia a la carta de Licinio de 313; esta ficha no sigue las persecuciones locales posteriores a 311.

Problema historiográfico

Casi todo lo sabemos por dos autores cristianos. Lactancio escribe un panfleto en el que Galerio aparece como instigador y Diocleciano como gobernante dudoso, arrastrado después por un oráculo de Apolo (10-11); esa escena es parte de su relato, no una crónica verificada. Eusebio, por su parte, escribe con un propósito apologético y edificante. Cuánto de cada medida fue iniciativa personal de Diocleciano y cuánto de Galerio, y con qué rigor se aplicó cada una, son preguntas abiertas.

Qué no sabemos

No sabemos cuántas personas murieron, ni la proporción de cristianos que cedieron o huyeron. Esta ficha cubre 303–313 como límite de la cobertura: las persecuciones locales continuaron o cesaron en momentos distintos en cada zona.

Consecuencia antropológica

Los objetivos de los decretos —edificios, libros y dirigentes— indican qué se percibía entonces como el núcleo visible de una comunidad cristiana: lugares de culto, un corpus de textos y una jerarquía. Es una inferencia a partir de los decretos, no una descripción del tamaño de la comunidad. Casi dos siglos antes, Plinio preguntaba a Trajano qué hacer con unas personas denunciadas; en 303 el Estado dirige una campaña contra una red organizada. Para la dimensión asistencial de esas redes véase epidemias y crecimiento.

Fuentes

Relaciones

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Equipo editorial Cristianismos.com. "Gran Persecución de Diocleciano (303–313)". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.1. Última actualización: 2026-10-24. https://cristianismos.com/es/eventos/persecucion-de-diocleciano-303/