Mito histórico · editorial_review · v0.1 · consenso: mayoritario
¿Por qué hay evangelios que no entraron en la Biblia?
Existen decenas de escritos antiguos que se presentan como «evangelios» y no forman parte de ningún Nuevo Testamento: los de Tomás, Judas, María, Pedro, Felipe, el Protoevangelio de Santiago y otros. Son en su mayoría del siglo II en adelante, escritos décadas o siglos después de los hechos y atribuidos a apóstoles que no pudieron escribirlos; algunos, sobre todo los gnósticos, presentan una teología muy distinta de la de la Iglesia mayoritaria. No los excluyó Nicea ni una censura imperial: la lista fue un proceso gradual de siglos, basado en su origen apostólico presunto, su antigüedad, su uso amplio en las Iglesias y su acuerdo con la fe recibida, y no hubo una lista cerrada y universal hasta la carta de Atanasio de 367, adoptada de forma desigual. Tampoco son un bloque: hay evangelios gnósticos, de infancia y judeocristianos; y otros libros que hoy no están en la Biblia, como el Pastor de Hermas o la Didaché, se leyeron como Escritura en algunas Iglesias.
Lo que se dice
Circulan dos versiones opuestas. Una: la Iglesia, o el emperador Constantino en Nicea, censuró los evangelios que contaban la verdad —los de Tomás, María Magdalena o Judas— para imponer una versión oficial. La otra: los evangelios que no están en la Biblia son falsificaciones sin valor, inventadas por herejes.
Respuesta corta
Ninguna es exacta. Existen decenas de escritos que se presentan como evangelios y no están en ningún Nuevo Testamento. Son, en su gran mayoría, del siglo II en adelante, es decir, décadas o siglos posteriores a los hechos, y están atribuidos a apóstoles que no pudieron escribirlos (seudoepigrafía). Algunos, los gnósticos, presentan una teología muy distinta de la que acabó siendo mayoritaria.
No los excluyó el Concilio de Nicea, que no trató del canon (ver ¿Nicea decidió qué libros entraban en la Biblia?). La lista se fue formando durante siglos, por el uso: qué textos leían las Iglesias, cuáles se consideraban apostólicos, cuáles concordaban con la fe recibida. Tampoco son un bloque uniforme: hay evangelios gnósticos, evangelios de la infancia y evangelios judeocristianos, con orígenes y fines muy distintos. Y algunos libros que hoy no están en la Biblia, como el Pastor de Hermas o la Didaché, se leyeron como Escritura en ciertos lugares.
Qué son los “apócrifos”
Apócrifo significa “oculto” o “reservado”, y con el tiempo pasó a designar los escritos no aceptados. Bajo esa etiqueta caben cosas muy diferentes:
- Evangelios gnósticos o de orientación gnóstica (Tomás —con matices—, Felipe, Verdad, Judas, María): presentan a Jesús como portador de un conocimiento (gnosis) que libera al alma de un mundo material considerado malo o defectuoso. Casi todos son del siglo II en adelante.
- Evangelios de la infancia (Protoevangelio de Santiago, Evangelio de la infancia de Tomás): rellenan los años que los evangelios canónicos dejan en blanco, con relatos piadosos o milagrosos. El Protoevangelio es la fuente de los nombres de los padres de María, Joaquín y Ana, y de buena parte de la devoción mariana.
- Evangelios de pasión y resurrección (Pedro): amplían el relato de la muerte de Jesús.
- Evangelios judeocristianos (de los hebreos, de los ebionitas, de los nazarenos), conocidos casi solo por citas de los Padres.
Ninguno pertenece a “una misma familia”: es una etiqueta negativa —lo que no entró—.
Cómo se formó la lista (y por qué no fue Nicea)
El proceso es gradual y se puede seguir por etapas:
- Hacia 144, Marción propone un canon propio (una versión de Lucas y diez cartas de Pablo), lo que, según muchos historiadores, obliga a las demás Iglesias a definirse.
- Hacia 180, Ireneo de Lyon defiende cuatro evangelios y solo cuatro, con un argumento simbólico (cuatro vientos, cuatro puntos cardinales, cuatro columnas). Es uno de los primeros que presenta esa lista como algo ya establecido.
- El fragmento muratoriano (la fecha, ca. 180 o siglo IV, se discute) es una lista de libros con tres criterios visibles: origen apostólico, uso público y aceptación general. Rechaza el Pastor de Hermas para la lectura pública y los escritos de Marción y valentinianos.
- Eusebio (ca. 325) clasifica los libros en reconocidos, discutidos, espurios y heréticos; entre los heréticos cita los evangelios de Pedro, Tomás y Matías.
- Atanasio de Alejandría, en su carta festal de 367, da la primera lista conocida de los 27 libros del Nuevo Testamento actual y ordena rechazar los apócrifos. Es una carta de un obispo a su diócesis, no una decisión conciliar, y otras Iglesias (la siria, por ejemplo) mantuvieron listas distintas durante más tiempo.
Es decir: no hubo un momento y un órgano que decidiera, sino una convergencia de siglos.
Por qué unos sí y otros no
Los criterios que la propia tradición aplicó pueden resumirse en cuatro:
- Origen apostólico: si se creía que venía de un apóstol o de un discípulo directo de un apóstol.
- Antigüedad: los evangelios canónicos son del siglo I; los apócrifos, casi todos posteriores.
- Uso amplio: si lo leían y reconocían las Iglesias de muchas regiones.
- Concordancia con la fe recibida (la “regla de fe”): si su enseñanza encajaba con lo que las Iglesias ya predicaban.
Los historiadores ven en esto tanto una selección de calidad —la antigüedad, sobre todo, es un criterio histórico de peso— como una disputa de poder: cada criterio favorecía a la corriente que acabó imponiéndose. Las dos lecturas no se excluyen.
Nag Hammadi: el hallazgo de 1945
En diciembre de 1945, un campesino halló cerca de Nag Hammadi (Alto Egipto) una vasija con trece códices de papiro, con cincuenta y dos tratados en copto, traducidos del griego y copiados en el siglo IV: entre ellos, los evangelios de Tomás, de Felipe y de la Verdad, y el Apócrifo de Juan. Hasta entonces, del gnosticismo se sabía sobre todo por sus adversarios (Ireneo, Hipólito). Por primera vez se podía leer a los gnósticos en sus propias palabras.
Una hipótesis atractiva (discutida) es que los códices pertenecieron a una biblioteca monástica cercana y se enterraron tras la carta de Atanasio de 367, que ordenaba retirar los apócrifos. Lo cierto es que fueron copiados en época de plena formación del canon y que alguien decidió conservarlos.
Algunos casos
- Evangelio de Tomás. 114 dichos de Jesús, sin relato de su vida, muerte ni resurrección. Cerca de la mitad de sus dichos tienen paralelos en los evangelios canónicos. Se discute su fecha (entre mediados del siglo I y mediados del II) y si conserva tradiciones independientes o depende de los sinópticos. Su idea de salvación es conocimiento del yo, no una muerte redentora.
- Evangelio de Judas. Texto gnóstico del siglo II (Ireneo lo menciona hacia 180), conservado en el Códice Tchacos (siglo III-IV, publicado en 2006). Presenta a Judas como el único que entiende a Jesús. La prensa lo presentó como un hallazgo revolucionario; los especialistas lo leen como polémica gnóstica contra la Iglesia mayoritaria, no como testimonio sobre el Judas histórico.
- Evangelio de María. Siglo II; María Magdalena aparece como receptora de una revelación, ante la envidia de Pedro. Es un testimonio del papel que se daba a las mujeres en ciertos círculos.
- Evangelio de Pedro. Solo se conserva un fragmento medieval hallado en Akhmim (1886); en el siglo II un obispo de Antioquía, Serapión, lo consideró peligroso por su tendencia docetista.
- Protoevangelio de Santiago. Siglo II; sin carácter gnóstico. Su influencia en la devoción mariana ha sido inmensa, aunque nunca estuvo en el canon.
Lo que estos textos no son
- No fueron censurados por Nicea ni por Constantino. Nicea trató de la naturaleza del Hijo, de la fecha de la Pascua y de asuntos disciplinarios; no del canon. La idea de que Constantino “eligió” los evangelios es una leyenda moderna, popularizada por novelas.
- No son más antiguos que los canónicos. Con excepciones discutidas (Tomás, quizá algún otro), casi ninguno es anterior al siglo II.
- No son todos “gnósticos”. Es el error más frecuente: los de la infancia o el de Pedro no lo son.
- No revelan una “verdad oculta” sobre Jesús (esposa, hijos, sucesor). No hay en ellos ningún dato histórico independiente sobre esas cuestiones; los pasajes que a veces se citan (por ejemplo, de Felipe) están dañados o admiten otras lecturas.
- Tampoco son “falsificaciones sin valor”. Son fuentes de primer orden para conocer cómo entendían a Jesús otros cristianos de los siglos II y III.
Libros en el borde
La frontera de la lista no era nítida ni siquiera a mediados del siglo IV. El Códice Sinaítico (ca. 350) incluye tras el Apocalipsis la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas; otros manuscritos traen 1 y 2 Clemente. La Didaché (ca. 100) se leyó como texto de instrucción en varias Iglesias, y el Apocalipsis de Pedro figuraba en listas antiguas. Estos libros no son gnósticos ni heréticos: fueron sencillamente discutidos y quedaron finalmente fuera.
Qué sabemos
- Existen decenas de escritos no canónicos que se presentan como evangelios; casi todos son del siglo II en adelante.
- La lista de 27 libros se formó gradualmente entre los siglos II y IV; la primera enumeración exacta es la de Atanasio (367), y no fue una decisión conciliar.
- Nicea no trató del canon.
- Los códices de Nag Hammadi (1945) son copias del siglo IV de textos gnósticos y afines, en copto.
- Entre los textos excluidos hay corrientes muy distintas (gnósticos, de infancia, judeocristianos), y algunos libros discutidos no eran heréticos.
Qué no sabemos
- Con qué exactitud se fecha el fragmento muratoriano (ca. 180 o siglo IV).
- Si el Evangelio de Tomás conserva dichos de Jesús con tradición independiente de los evangelios canónicos.
- Quién enterró los códices de Nag Hammadi ni por qué.
- Qué parte de la selección se debió a criterios de calidad histórica y qué parte a la lucha entre corrientes.
Qué fuentes existen
- Sobre el canon: Ireneo, Contra las herejías 3.11; el fragmento muratoriano; Eusebio, Historia eclesiástica 3.25; la carta festal 39 de Atanasio.
- Los propios textos: el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Judas, el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de la Verdad (Nag Hammadi).
- Estudios: Bruce Metzger, The Canon of the New Testament; Bart Ehrman, Lost Christianities; Elaine Pagels, The Gnostic Gospels.
Qué discuten los historiadores
El debate central es cómo entender el proceso. La tesis de Elaine Pagels, popularizada a partir de 1979, es que los textos de Nag Hammadi muestran un cristianismo plural que una corriente, la que acabó siendo ortodoxa, terminó por reprimir. Bart Ehrman comparte en parte esa lectura (la ortodoxia fue el resultado de una lucha, no el punto de partida), pero Bruce Metzger y otros insisten en que los criterios de selección fueron, sobre todo, la antigüedad, el origen apostólico y el uso, y que los textos gnósticos quedaron fuera por tardíos, no por mala suerte. También se discute el valor histórico de los apócrifos: casi ninguno aporta datos independientes sobre Jesús, aunque Tomás es la excepción más discutida. Las lecturas confesionales tienden a juzgar estos textos por su teología —los rechazan por heréticos o los reivindican por “verdaderos”—; ninguna de las dos es un argumento histórico.
De dónde viene la idea
La idea de una “censura” nace de un hecho real —una corriente ganó y otras desaparecieron— y de una tentación moderna: creer que lo que se excluye debió ser lo auténtico. Pero la mayoría de estos textos no desapareció porque alguien los prohibiera por decreto desde el principio, sino porque las Iglesias dejaron de usarlos y de copiarlos, y en algunos casos se los persiguió expresamente, como ordena Atanasio. Lo que sabemos de ellos lo debemos a unos pocos hallazgos casuales del siglo XX.
Fuentes
- Adversus Haereses (Contra las herejías), libro 3 — Contra las herejías 3.11.8-9 (los cuatro evangelios); 1.31.1 (evangelio de Judas)
- Fragmento muratoriano (Canon de Muratori)
- Historia eclesiástica (Historia Ecclesiastica) — Historia eclesiástica 3.25; 6.12
- Carta festal 39 de Atanasio de Alejandría (367)
- Códice Sinaítico (Codex Sinaiticus) — Epístola de Bernabé y Pastor de Hermas, a continuación del Apocalipsis
- Evangelio de Tomás
- Evangelio de Judas (Códice Tchacos)
- Protoevangelio de Santiago
- Evangelio de la Verdad (Nag Hammadi, códice I)
- Didaché (Enseñanza de los doce apóstoles) — texto griego
- The Canon of the New Testament: Its Origin, Development, and Significance
- Lost Christianities: The Battles for Scripture and the Faiths We Never Knew
- The Gnostic Gospels
Relaciones
- MENTIONS → ¿Nicea decidió qué libros entraban en la Biblia? — Artículo complementario: aquel trata qué decidió (y qué no) Nicea; este, qué eran los textos que quedaron fuera.
- MENTIONS → ¿La Biblia ha sido modificada a lo largo de los siglos? — Aquel trata la historia del texto de los libros del canon; este, la de los que quedaron fuera.
- MENTIONS → ¿Quién escribió los evangelios?
- MENTIONS → Valentinianismo
- MENTIONS → Marcionismo
- MENTIONS → Proto-ortodoxia
- MENTIONS → Ebionitas
- MENTIONS → Didaché (Enseñanza de los doce apóstoles)
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Villa B., A. "¿Por qué hay evangelios que no entraron en la Biblia?". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.1. Última revisión: 2026-09-19. https://cristianismos.com/es/articulos/por-que-hay-evangelios-fuera-de-la-biblia/